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¿Queremos comprar cosas o experiencias?



Alguna vez leí sobre el valor de las experiencias en la vida de una persona, y cómo el deseo de vivir alguna lo lleva a tomar decisiones de comprar tal o cual producto para lograrlo. Esto es algo importante de analizar como diseñadores: ¿Queremos comprar cosas o queremos comprar experiencias?

Un ejemplo simple: Ahorraste mucho dinero para comprarte algún gadget en especial, y finalmente lo tienes, sientes emoción y felicidad. Por otro lado, ahorraste mucho dinero para viajar a algún país exótico por un par de semanas, y finalmente estás ahí, lo vives, y sientes emoción y felicidad.

La pregunta es: ¿La emoción y felicidad son las mismas para los dos eventos? ¿Qué pasa después de dos, tres años?

Fácilmente nos damos cuenta que las experiencias perduran, son eventos únicos que marcan un momento de nuestras vidas. La compra de un celular o computadora puede ser emocionante al inicio, pero es algo que se vuelve rutinario y simplemente se desvanece por la costumbre para volverse parte del día a día. En conclusión, las experiencias traen mayor felicidad que las posesiones.
Las experiencias traen mayor felicidad que las posesiones
Las experiencias tienden a hacer más felices a las personas porque es más difícil medir el valor de una experiencia comparándola con otras. Incluso, si existiera alguna mala experiencia como perderse en algún lugar, o ir a la playa y toparse con una tormenta, poco a poco el tiempo se encarga de tomar la experiencia con humor, lo que del mismo modo lo hace especial.

Por otro lado, una mala experiencia con un producto como un iPhone que se estrella no trae a corto o largo plazo ninguna sensación positiva.

Si la emoción material no perdura, ¿cómo es que las marcas se mantienen relevantes?

Los productos han funcionado como impulsores de las experiencias que sí son significativas en nuestras vidas. Lo hemos visto en la forma que se promocionan. No se trata de un carro, si no los lugares que puedes recorrer con él. No se trata de un iPhone, sino las cosas que puedes lograr con él.

Otro ejemplo, ahora personal:

Mi objetivo y la razón de mis ahorros este año fue subir al Preikestolen (o Roca del Púlpito), en Noruega. Un acantilado de 600 metros de altura ubicado en uno de los fiordos de ese país, Lysefjord.

Pero no tenía zapatos adecuados para subir a ese lugar, entonces debía comprar unas botas cómodas para aguantar el recorrido y poder disfrutar el viaje. Créanme, caminar por horas con zapatos incómodos es un martirio.

Así fue como compré unas botas Caterpillar, pero no por pensar en que quería sólo esas botas, sino porque tenía un objetivo claro de cómo quería disfrutar la experiencia que estaba por vivir. Las botas no eran el objetivo, sino el medio.

Una vez que logré mi meta y estaba en la cima del Preikestolen, simplemente la experiencia se estaba marcando como un parteaguas en mi vida. Indirectamente, ahora tengo una percepción de la marca gracias a la experiencia que viví.

Como personas, les recomiendo comprar experiencias en vez de sólo comprar cosas. Como diseñadores, hay que pensar en cómo nuestros productos o servicios contribuyen a cumplir con estas experiencias.

Fuente:www.25-horas.com

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